Un largo camino by Jim Grimsley

Un largo camino by Jim Grimsley

autor:Jim Grimsley [Grimsley, Jim]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Ficción gay, literatura contemporánea, gay, homosexualidad, LGTBIQA+, LGBTIQA+, amor gay
ISBN: 9788495346209
Google: AXAeOAAACAAJ
editor: Egales
publicado: 2001-12-14T23:00:00+00:00


—Sí, cielo. Eres un niñito muy guapo.

Amy miró a Dan y sonrió burlonamente.

—Nunca he tenido un novio así.

—Mi papá no es atractivo —afirmó Jason—. Está gordo.

Por un momento, Dan yuxtapuso la presencia de Ford con la de ellos. Los rostros de su familia con la de él... Se le formó un nudo en el plexo-solar.

Ford entró en la cocina y las miradas se cruzaron. Dan sonrió forzadamente y los presentó. Amy había apagado su último cigarrillo y le ofreció la mano. La sonrisa de ella se volvió tensa.

Amy alargó el brazo para coger su café.

—Jason. Éste es Ford. Es un amigo de tu tío Dan.

Jason levantó los ojos. Ford dijo:

—Hola, Jason.

—Saluda.

El niño abrió la boca pero no consiguió hablar. Ford se puso de rodillas detrás de Ray y acercó su cara hacia el niño. —¿Te he oído decir algo sobre unos juguetes? —preguntó. Dan entró en la habitación donde Ray estaba sentado, bañado por la luz de la lámpara y deleitándose con la voz procedente del televisor. Jason se aproximó a la silla de Dan y observó a su tío.

—Enchufa el árbol de Navidad, tío Dan.

Así que él se arrodilló junto a la pared revestida con paneles y buscó a tientas el extremo del alargador que encendía las luces de Navidad. Hábilmente, conectó el enchufe a la pared y el árbol se iluminó.

Cuando Dan era pequeño, su madre siempre utilizaba un abeto como árbol de Navidad, pero ahora prefería los árboles de plástico, con sus formas perfectas, que imitaban a los árboles de verdad en cada detalle, salvo en el olor y la textura. De las ramas de plástico colgaban sartas de lucecitas de colores; cada sarta parpadeaba alternativamente y las luces iluminaban los adornos navideños de madera y de plástico. Completaba la escena un poco de nieve artificial, espolvoreada por encima del árbol y de sus adornos, y también sobre los paquetes y el algodón afelpado que se encontraban bajo el árbol. Jason se arrodilló y señaló a los paquetes, diciendo:

—Éste es mío, tío Dan. Pero no debo tocarlo.

Las luces de Navidad parpadeantes, los regalos envueltos e incluso el árbol de plástico le recordaron a Dan la plenitud del pasado, el significado de la Navidad. Una vez al año, con la regularidad de un reloj, aquella fiesta volvía a entrar en su vida con pavor. Lo que recordaba, la imagen que nunca lograba rehuir, era él mismo, eran sus hermanos y hermanas en las Nochebuenas del pasado, un desfile retrospectivo de salas atestadas de gente en casas pequeñas, de calefactores a gas que siseaban con un rumor seco, calentando sus ladrillos de cerámica hasta ponerlos al rojo vivo. Cada año, por Nochebuena, con la respiración entrecortada, cinco niños se mostraban ansiosos ante el santuario de un árbol de Navidad, ensartado de luces grandes y calientes, adornos de cristal y hebras de espumillón plateado.

La voz de Jason, melodiosa, entonando fragmentos de un himno navideño, sobresaltó a Dan. ¿Era Jason quién cantaba o era Grave, hacía mucho tiempo? Dan cerró los



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